04 PM | 16 Oct

La película por la que la Iglesia excomulgó a Martin Scorsese

Son pocos los personajes que a pesar de no ser protagonistas se ganan el corazón de las audiencias por sus conductas poco éticas pero, por alguna razón, atractivas en extremo. ¿Quién puede olvidar a Dany Day-Lewis como “The Butcher”? Pocos son los que se resisten a encontrar el lado atractivo del cínico asesino que utiliza sus cuchillas para amenazar y asesinar a cuantos se interpongan en su camino.

A estas alturas de la vida, ¿a quién le gusta seguir las reglas?¿Vale la pena sacrificar los ideales propios por perseguir el bien de una comunidad? ¿Qué ganaría una persona haciéndolo? De cualquier manera, su nombre no sería olvidado en ningún momento. Tal vez no sería a la misma altura que la de un héroe, sino como el de un encorajinado villano que decidió decirle «¡no!» a una especie de compromiso implícito con el que al parecer nacen todas las personas en nuestro planeta.

Sobre esta idea podemos afirmar que el cine ya no necesita héroes… o al menos eso es lo que nos ha hecho pensar Martin Scorsese, quien incluso deconstruyó al titán trágico por antonomasia: Jesucristo, el mesías, dotándolo del carácter que todo mundo esperaría de un mortal.

En su filme de 1988, La última tentación de Cristo, el director no sólo presentó un nuevo enfoque de las películas con temáticas religiosas, sino que desafió incluso a toda la Iglesia que no se quedó con los brazos cruzados cuando vio a una de sus imágenes centrales dudar de su propósito principal.


La película que nos presenta a un Jesús fuera del ideal romántico y religioso, hace que el público en todo momento se pregunte: «¿qué hubiera hecho yo en su lugar?». Una cuestión que nada banal, si consideramos que durante todo el filme Jesús no es otra cosa más que un hombre normal, que en más de una ocasión desea abandonar su mandato divino para formar una familia, trabajar y desarrollarse como lo habría hecho cualquier hombre de su tiempo. El trabajo evidentemente despertó el descontento de la Iglesia que años antes había excomulgado al griego Nikos Kazantzakis por escribir la novela que dio origen a la cinta.

Dispuesto a perder su fe plantándole la cara a Hollywood y al Vaticano, Scorsese no iba a presentar la misma fórmula del Jesucristo todopoderoso, capaz de construir y destruir templos a voluntad, sino la de un hombre sencillo que pasa por una de las etapas más vulnerables de su vida. Nos plantea a una persona cuyo cuerpo es poseído por el deseo y hacen que cada hombre, no importando si éste es el hijo de Dios, comience a revalorar su vida y a plantearse nuevas metas, desafiando su propio destino. Luego de su estreno, el director también fue excomulgado, a pesar de ser Católico de nacimiento. Está de más decir que el hombre no lo tomó como un ataque, ya que no es practicante y continuó promocionando su filme.

Basta con decir que pasaron 16 años para que éste filme llegara a nuestro país, y darnos cuenta de toda la presión ejercida sobre el director para que se retractase de este trabajo. No porque fuese malo, sino porque en él la imagen indiscutible de la bondad absoluta era reducida a una normalidad a la que pocos aspiran porque, bueno, es en realidad lo que todos tienen.

Pensar en hacer de Cristo un villano era también otra idea inconcebible, por ello, la opción más lógica era la de sabotear el trabajo de Scorsese, asunto que afortunadamente nunca ocurrió y gracias a ello, tenemos en La última tentación de Cristo un espejo que nos permite pensar que todo ser humano puede ser héroe, o dios, por un día.

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