08 AM | 25 Oct

“Nunca intenté hacer las cosas como Buñuel”, afirma Ripstein


Ripstein debutó en la gran pantalla en 1965 con “Tiempo de morir”, a partir de un guión de Carlos Fuentes y García Márquez.
El cineasta mexicano Arturo Ripstein recibe hoy la Espiga de Honor en la Semana Internacional de Cine de Valladolid (Seminci), uno de los festivales más longevos de España. A los 73 años, el emblemático director habla con dpa de sus comienzos, de los nuevos formatos y de su relación con Luis Buñuel.

Nacido en Ciudad de México en 1943, conoció al célebre director español cuando este vivía allí como exiliado de la Guerra Civil. “Yo lo conocí con 18 años y él tenía 62. Es difícil que se forme una amistad en esas condiciones (…) Pero fue generoso conmigo, conversábamos, me invitaba a comer…”, recuerda.

Sin embargo, “ha sido un peso espantoso” que durante décadas le hayan considerado su discípulo. “Para empezar porque no es cierto, yo nunca fui su asistente, ni nada, yo tuve el gusto de conocerlo y sobre todo de que me aceptara ir a su casa y conversar con él”, explica. “Amiguitos nunca fuimos”.

El autor de “Un perro andaluz” ni siquiera es uno de sus cineastas favoritos: “Es uno de los directores que a mí me fascinó el rumbo que tomó, pero las películas de otros eran las que me llenaban los ojos”, como el cine de la nueva ola francesa o del postneorrealismo italiano, de Claude Chabrol o de Akira Kurosawa. “Yo nunca intenté hacer las cosas como Buñuel porque no teníamos la misma estructura”.

Hijo de un productor, Ripstein asegura que nunca quiso “hacer otra cosa más que cine”. De sus inicios en el mundo del celuloide recuerda que fueron “la realización de un sueño” que tenía desde niño y adolescente.

Debutó en la gran pantalla en 1965 con “Tiempo de morir”, a partir de un guión de Carlos Fuentes y García Márquez, y después siguieron títulos como “Los recuerdos del porvenir” (1968), “La hora de los niños” (1969) y “El náufrago de la calle Providencia” (1971).

Al Nobel de Literatura colombiano lo conoció “cuando no era todavía Gabriel García Márquez y era un hombre absolutamente encantador”. Pero cree que cuando le llegaron el dinero, el poder y la gloria, el escritor “se volvió otra persona” de la que no tiene recuerdos agradables.

En 1999 adaptó al cine una de las obras más conocidas del literato, “El coronel no tiene quien le escriba”, para la que contó con la actriz española Marisa Paredes. Con ella, que hoy recibe también una Espiga de Honor en Valladolid, había trabajado ya en “Profundo carmesí” (1996).

Ambas cintas llevan guiones firmados por su esposa, Paz Alicia Garciadiego, como también “Principio y fin” (1993) o “La perdición de los hombres” (2010), con las que logró sendas Conchas de Oro en el Festival de San Sebastián. Y muchas más. “Ha sido muy estimulante trabajar con ella durante todos estos años, ha sido importante para mí, es la mitad de mi carrera”, afirma.

¿Y qué piensa este referente del cine mexicano sobre compatriotas como Alejandro González Iñárritu o Alfonso Cuarón, ganadores del Oscar? Su éxito en Hollywood le parece “muy notable”, aunque no considera que hagan cine mexicano. “Trabajan fuera de mexico y hacen el cine del idioma en el que está hecho, hacen cine extranjero a México”.

Del actual panorama cinematográfico mexicano le interesan tres o cuatro directores, aunque prefiere no dar nombres por temor a que se olviden otros tantos. “Siempre son muy pocos los que uno admira y los que realmente hacen las obras mayores”, señala.

Al cine va con sus nietos, a ver las películas que les gustan a ellos, y siempre tiene la impresión “de que es exactamente idéntica a las otras 14 o 15” a las que los ha llevado antes. En México no es fácil ver películas francesas o españolas en las salas, así que termina viéndolas en la televisión. “Me tranquiliza más porque estoy en casa, sé como guardar silencio y no me interrumpen siempre que están texteando” con el celular, bromea.

No es un fanático de las series, tan de moda ahora, pero asegura que está “intentando lograrlo, porque son accesibles y tranquilizan los nervios”. Y no tiene nada en contra de que a los grandes festivales lleguen películas rodadas por las nuevas plataformas y destinadas solo a la televisión, si son buenas.

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