11 AM | 18 Feb

«Durango» atrae filmaciones con sus estupendos locaciones y paisajes

A la ciudad de Durango (México), se le conoce a nivel nacional e incluso internacional por dos razones: una es como la “tierra de los alacranes” por la gran cantidad de esta especie de insectos en la ciudad, especialmente en la zona colonial; y la segunda por “la tierra del cine”, Durango tiene en su haber mas de 120 producciones cinematográficas tanto nacionales como extranjeras, por lo cual en las décadas de los 50, 60, 70 y 80 se gano este sobrenombre.



Junto a un cielo sorprendentemente azul y una atmósfera increíblemente transparente, Durango constituye un lugar ideal para filmar. De todos los géneros cinematográficos, el que ha prevalecido en la historia fílmica del estado es el wéstern, con títulos tan famosos como: The Unforgiven, dirigida por John Houston, con Burt Lancaster y Audrey Hepburn; La pandilla salvaje (The Wild Buch), de Sam Peckinpah, con Willam Holde, Roberto Ryan y Ernest Borginer; y Los hijos de Katie Elder (The Sons of Katie Elder), de Henry Hathaway, con John Wayne y Dean Martin. Debido a tan poderoso motivo empezamos el redescubrimiento de la región por sus famosos pueblos.

 

Uno de los sets más espectaculares en Villa del Oeste, conocido en el medio artístico como Calle Howard, ya que John Howard construyó este set en 1971 imitando los pueblos del oeste americano del siglo pasado para el rodaje de la película Odio en las praderas (Bruck and the Preacher) dirigida e interpretada por Sidney Poitier.

Localizado a sólo 12 km al norte de Durango por la carretera 45, se conserva en perfecto estado y ha sido escenarlo de 13 largometrajes, además de numerosos comerciales y documentales. Está abierto al público, el cual lo visita principalmente los fines de semana; funciona como centro de diversión y entretenimiento, pues cuenta con restaurantes, discotecas y sala de juegos.

A solamente dos km de Villa del Oeste se encuentra la pequeña población de San Vicente de Chupadores, donde se localiza el primer set construido en el estado y, hasta el momento, el más utilizado, con 44 filmaclones. Aquí, sobre dos polvorientas calles de tierra, por las que algún día caminaron John Wayne, Kirk Douglas, Glen Ford y Burt Lancaster, otras muchas estrellas del celuloide, se levantan varios edificios, hoy medio derruidos, junto a algunas fachadas de mampostería.

 

Entre las películas que aquí se rodaron, cabe destacar: Part Garret y Billy the Kid, dirigida por Sam Peckinpah, con James Cobern, Kris Kristofferson, Bob Dylan y Emillo Fernández; el Póker de la muerte (Five Cards Stud), de Henry Hathaway, con Dean Martin y Roberto Mitchum; y La venganza (Revenge), de Tony Scott, con Kevin Costner, Anthony Quinn y Madeleine Stowe, además de Los hijos de Katie Elder, Lucha de gigantes y Chisum, rey del oeste, todas ellas interpretadas por John Wayne. Situado 16 km más al norte se ubica el rancho La Joya, que perteneció al mítico actor.

Wayne llegó por primera vez a Durango en enero de 1965 para rodar Los hijos de Katie Elder; al año siguiente regresó para filmar Lucha de gigantes y, en 1969, Los indomables y Chisum, rey del oeste. Ese mismo año compró el rancho La Joya y construyó en él un set a imagen y semejanza de un pueblo del oeste americano, que utilizaría en sus siguientes películas: Gigante entre los hombres (Big Jake); Los chacales del oeste (The Train Robbers) y De su propia sangre (Cahill), su última película en Durango.

Después de su muerte, la propiedad fue heredada por sus hijos, quienes la descuidaron y provocaron su abandono como locación cinematográfica; actualmente sólo quedan las ruinas de lo que fue este set, en donde se llegaron a rodar 14 largometrajes, además de varios comerciales nacionales y extranjeros.

 

Las fastuosas productoras hollywoodenses no sólo han construido diversas escenarlos a lo largo de Durango, sino que también han aprovechado todas las bellezas que posee el estado, tanto natural como arquitectónico. La hermosa Hacienda de Ferrería de Flores, situada a 8 km al sur de la capital, es un claro ejemplo, pues ha sido utilizada en varias películas. Siguiendo más hacia el sur, a 35 km de la capital, llegamos al set de los Álamos, construido en 1988 para el rodaje de las Puertas de la Eternidad (Shadow makers).

Este espectacular escenarlo es una réplica exacta de cómo se veían los Álamos en 1944 y es el más grande y caro que se ha llevado a cabo en el estado. Entre las múltiples bellezas naturales de Durango, la cascada el Saltito, localizada al este de la capital por la carretera 45, es la que más veces ha aparecido en la pantalla grande. Este salto de agua utilizado en varias de las producciones nacionales y extranjeras fue descubierto para el cine en 1964, por un ojeador de la película Juramento de sangre (Mayor Dundee), de Sam Peckinpah, quien buscaba nuevas locaciones naturales para continuar la filmación.

Desde entonces, ha sido visto en varías películas más, entre las que sobresale Los Cañones de San Sebastián (Guns of San Sebastian), con Anthony Quinn y Charles Bronson. Esta hermosa cascada tiene la particularidad de que el lago formado bajo la caída de agua es la boca de un volcán, por lo que tiene una gran profundidad y es ideal para realizar las escenas de saltos con vehículos o caballos, como las que se rodaron en Dos bribones tras la esmeralda perdida (Romancing the Stone), de Robert Zemeckis con Michael Douglas y Kathleen Turner, o Lancelot, El Primer Caballero (First knight) de Jerry Zucker, con Sean Connery y Richard Gere.

Los sets y parajes naturales que posee Durango son tantos como las películas, comerciales, videos, documentales y series televisivas que aquí se han rodado. En fin, recorrer este fascinante estado es, realmente, entrar al mágico y maravilloso mundo del cine.

HISTORIA

 

 

Reconstruir la imagen de Durango para atraer el interés de las grandes producciones a sus sets y locaciones no ha sido sencillo, pero el rodaje de Texas Rising apunta a una nueva etapa para que el estado recobre sus años de gloria, como ocurrió hace seis décadas, cuando Sam Peckinpah y John Wayne hicieron suya esta entidad.

“Tenía ocho años y medio que Hollywood no volteaba a Durango y muchos más desde que el estado se convirtió en cuna del western; sí fue difícil lograr la filmación de Texas Rising en nuestras locaciones y sets, pero al final convencimos a los productores”, comentó José Ángel Reynosa González, secretario de Turismo de Durango.

“Sabemos que no venían por la inseguridad y porque unos sets que necesitaban condiciones distintas, pero luego de un tour que les dimos, accedieron a que su producción se filme aquí, lo cual es importante, porque al finalizar su rodaje impulsaremos al estado para atraer la atención de las miniseries”, añadió.

Este año Durango celebra seis décadas desde que se filmó la primera película comercial, White Feather (Pluma Blanca) con Robert Wagner, John Lund, Debra Paget y Jeffrey Hunter en el elenco principal, “ya son 60 años, pero desde 1896 Tomas Alba Edison llegó por el norte”, explicó el cineasta Juan Antonio de la Riva.

“En esa época hubo intentos de hacer algo, incluso en los años 20 se intentó fundar un estudio de cine, pero no se logró nada; tengo información de historiadores que no hubo una película de ficción, solo se filmaron cosas documentales, la primera película comercial llegó en 1954, fue Pluma blanca”, añadió De la Riva.

A partir de los años 70 Durango se convirtió “en el Hollywood chiquito”, según una explicación que da el sheriff ficticio del set de Pueblo Viejo, donde se realizan varios espectáculos en honor al género del western.

Y precisamente en Pueblo Viejo se filmaron algunas escenas de la serie Texas Rising, protagonizada por Brendan Fraser, Bill Paxton y Ray Liotta: “tuvimos la visita de una producción grande de Hollywood, la semana pasada estuvieron por aquí”, añadió el sheriff del set que tiene más de cinco décadas, al igual que el set de Chupaderos.

En estas seis décadas se han filmado más de 180 películas, quizá las más importantes son las de Sam Peckinpah, “uno de los grandes del cine americano y del western moderno, quien filmó Juramento de venganza en 1963, La pandilla salvaje en 1967 y Pat Garren en los años 70, tres clásicos del cine”, dijo Juan Antonio de la Riva.

Pero con el tiempo vino un declive y las producciones extranjeras se olvidaron de Durango, primero porque decayó el western y después porque el estado fue azotado por una ola de violencia; “los estudios fueron decayendo, no tenían el impacto de décadas atrás”, dijo De la Riva.

“Ahora tenemos buenas noticias con Texas Rising, una serie que puede devolver la mirada al estado para las producciones grandes”, dijo el cineasta.

Claves

No solo Hollywood

– Además de las producciones de Hollywood, llegaron también cintas como El topo, de Alejandro Jodorowsky, que se filmó en el desierto de la zona del silencio.

El póker de la muerte, de Henry Hathaway; Un hombre llamado caballo, una de las películas antropológicas sobre las costumbres de los indios norteamericanos.

Fuente

 

12 PM | 27 Dic

Primera exhibición de cine de los hermanos Lumière


PRIMERA EXHIBICION DE CINE
En 1895, los hermanos Lumière (Auguste y Louis) dan la primera exhibición de una película cinematográfica. El cinematógrafo fue patentado el 13 de febrero de 1895 . Ese mismo año, los Lumière rodaron su primera película, La sortie des ouvriers des usines Lumière à Lyon Monplaisir (Salida de los obreros de la fábrica Lumière en Lyon Monplaisir).



Fue presentada el 22 de marzo de 1895, tres días después del rodaje, en una sesión de la Société d’Encouragement à l’Industrie Nacional en París. Tras diversas presentaciones en sociedades científicas, en la Universidad de la Sorbona, en Bruselas y otros lugares, el 27 de diciembre de 1895 en París se procedió a la primera exhibición comercial, como primer espectáculo de paga, marcando oficialmente el inicio del cine. El evento tuvo lugar en el Salon indien du Grand Café del Boulevard des Capucines y se proyectaron, además de Salida de la fábrica Lumière, otras cintas como Llegada de un tren a la estación de la Ciotat y El regador regado, en la que aparece el jardinero Jean-François Clerc. Así, con este catálogo, el cine comenzó su historia a modo de documental, como testigo objetivo de la vida cotidiana.
Aunque los hermanos dijeron «el cine es una invención sin ningún futuro», aprovecharon todo lo que el nuevo invento les ofreció para montar un negocio rentable. Los Lumière enviaban un cinematógrafo y un operador donde fuera requerido, por ejemplo, a la coronación del zar Nicolás. Con estas cintas rodadas en los lugares más exóticos del planeta surgió el montaje.
Su posición económica y el interés que mostraban hacia la ciencia les hizo menospreciar las posibilidades comerciales de su invento, por lo que finalmente abandonaron la producción cinematográfica

12 PM | 15 Dic

Lenguaje del cine: La primera sesión de cine

La primera sesión de cine
Los hermanos Auguste y Louis Lumière nacieron en Besançon el 19 de octubre de 1862 y el 5 de octubre de 1864, respectivamente, en el seno de una familia de pequeños industriales.
Aunque se toma como fecha del nacimiento del cine el 28 de diciembre de 1895, cuando los hermanos Louis y Auguste Lumière ofrecen la primera exhibición pública de su cinematógrafo, se sabe que en esas fechas otros muchos pioneros ya estaban proyectando también imágenes por otros sistemas que quizás todavía no tenían la perfección del francés, pero que buscaban el mismo objetivo.



Los precursores fueron básicamente fotógrafos que disponían de una mínima infraestructura para poder procesar en sus laboratorios las imágenes obtenidas. Los hermanos Lumiére, que llevaban varios años en su invento y habiendo filmado ya más de un centenar de películas de un minuto, se decidieron a enseñar su invento al pueblo de París.
Lo presentaron con temor, pues nunca tuvieron excesiva confianza en sus posibilidades artísticas ni menos económicas. Tras muchas negociaciones con diferentes locales, incluido el Folíes Bergéres, encontraron un sencillo local decorado al estilo oriental, el Salón Indio del Gran Café del Boulevard de los Capuchinos. Los Lumiére prefirieron una sala de reducidas dimensiones en razón de que si era un fracaso, pasaría inadvertido. El día de la representación, considerado oficialmente como el primer momento de la historia del cine fue el 28 de diciembre de 1895. Tal y cómo pensaron los organizadores, el primer día no fue especialmente extraordinario, pues acudieron solamente 35 personas. Bien cierto es que tampoco la publicidad fue excesiva y el cartel realizado a la rápida no fue muy significativo. Los Lumière tuvieron la precaución (Gubern, 1989) de pegar en los cristales del Grand Café un cartel anunciador, para que los transeúntes desocupados pudieran leer lo que significaba aquel invento bautizado con el impronunciable nombre de Cinématographe Lumiére. Su escueto anuncio decía: «Cinematógrafo Lumière. Entrada 1 franco». La explicación, impresa en letra cursiva, resulta hoy un tanto pintoresca y barroca: «Este aparato -decía el texto- inventado por MM. Auguste y Louis Lumière, permite recoger, en series de pruebas instantáneas, todos los movimientos que, durante cierto tiempo, se suceden ante el objetivo, y reproducir a continuación estos movimientos proyectando, a tamaño natural, sus imágenes sobre una pantalla y ante una sala entera.». Según Georges Mèliés, que asistió a aquella función primera pues regentaba un estudio fotográfico en París y había tomado parte en algunas de las negociaciones para encontrar la sala, aunque al principio el ambiente era de gran escepticismo, cuando los espectadores vieron moviéndose los carruajes por las calles de Lyon, quedaron, cita Gubern, petrificados «boquiabiertos, estupefactos y sorprendidos más allá de lo que puede expresarse».
«Por unos breves instantes, nada de lo visto resultó innovador a los ojos de la audiencia: en los últimos años ya se conocían linternas mágicas capaces de proyectar fotografías en las paredes. Pero esta magia nueva escondía otra magia. De repente, ante los ojos atónitos del público, todas las figuras que poblaban la estación no solamente temblaban en la blancura de la pantalla, sino que también se movían. Aquellas figuras fotografiadas miraban a izquierda y derecha esperando la llegada del tren. Llegó entonces el momento cumbre. Del fondo de la imagen surgió una locomotora, avanzando lentamente en dirección a los presentes. Eso ya era demasiado: algunos de ellos, realmente asustados, saltaron de sus asientos y se precipitaron hacia la salida. No volvieron a ellos hasta que se les garantizó que la locomotora se había detenido en la estación. La impresión de realidad de aquellas breves imágenes había sido tan fuerte que salieron del local presos de una nueva excitación: habían asistido al nacimiento de algo nunca visto, un espectáculo singular que no ha dejado de fascinar a sus seguidores desde el mismo día de su nacimiento. Pronto corrió por todo París la noticia, y el Salon Indien se quedó pequeño.»
(De http://www.biografiasyvidas.com/monografia/lumiere/cine.htm)
Sin embargo el pueblo parisiense, corrida la voz sobre aquel espectáculo maravilloso y espectacular, ya al segundo día llenó el salón y las colas recorrían el bulevar. Los diarios de París elogiaron aquel espectáculo insólito y los hermanos Lumière tuvieron asegurada, a partir del segundo día, sus espectadores incondicionales.
Aunque los Hermanos Lumière poseían un amplio stock de películas, en sus primeros tiempos siempre comenzaban por La salida de la fábrica Lumiére (La sortie des Usines Lumiére, a Lyon, 1895), que según sus historiadores fue su primera película y de paso hacían homenaje a su empresa. El repertorio lo componían películas familiares, sus hijos comiendo, o de la vida de las calles de Lyon, soldados haciendo la instrucción, y al ser Louis Lumière muy buen fotógrafo no evitó la utilización de efectos como el humo en una herrería y las nubes de polvo en una demolición, que tuvieron inmenso éxito. No en balde la fotografía era la madre del cine y sus pioneros no evitaron el arte ya desde los comienzos.
Ya en los primeros momentos se hicieron famosas dos películas que dominaron en su show: Llegada del tren a la estación (L’arrivé d’un train en gare de la Ciotat, 1895) y El regador regado (L’arroseur arrosé, 1895), el primer film de humor, de un minuto, de la historia del cine.